Tetuán en tiempos del Castillo de Santiago

 

CUANDO TETUÁN ERA DE LOS CORSARIOS

 

La vejeriega que enamoró al caudillo musulmán[1]

 Buena parte de la historia que ahora nos interesa comenzó en España. Más concretamente en la comarca de Vejer, quizá sobre el suelo que ahora mismo pisa cualquiera de los que están leyendo estas líneas.

Y esto en gran medida gracias a Alí Ben Rashid, el Barraxe de las crónicas lusitanas, miembro de la nobleza islámica y descendiente del Profeta, además de antiguo soldado en tierras andaluzas al servicio de musulmanes granadinos, o de cristianos castellanos- que sobre esto no hay certeza-. Es él quien inaugura una revitalización de la lucha islámica contra las fuerzas cristianas que pretenden dominar el otro lado del Estrecho. Y a él se debe también la primera ciudad que nació para oponerse a la penetración cristiana desde el norte de Marruecos, Chefchaowen, una vez que los portugueses conquistaron Ceuta, en 1415.

La fundación de Chefchaowen se viste de tintes legendarios, pero al modo oriental, donde lo poético y sublime se halla por encima de los fastos heroicos y guerreros. Y es aquí donde aparecen los rasgos humanos que implican de forma directa y esencial a nuestra comarca en un amplio espectro de la historia de las dinastías que reinaron en Marruecos.

Porque fue probablemente en tierras del margen europeo del Estrecho donde Ben Rashid conoció a una vejeriega, llamada Lala-Zara en las fuentes (a veces Lala-Zuhrra o Lala-Zahorra), mujer de origen cristiano. De hecho, se apellidaba Fernández, pues las crónicas portuguesas narran la actividad de su hermano Martin Fernández, dejando claro  que era un elche, esto es, un cristiano convertido al Islam, quien estuvo de alcaide de Yebel Habib -Farrobo en las crónicas- y que, con cincuenta jinetes cedidos por el jarife, efectuaba correrías en torno a la guarnición de Arcila, plaza marítima ocupada en 1471 por las huestes portuguesas[2].

No se sabe cómo se encontraron el soldado musulmán y la cristiana; se especula que Lala-Zara pudo ser capturada en una de las frecuentes razias que tenían lugar entre granadinos y castellanos. Lo cierto es que Ben Rashid se enamoró de ella y la desposó, llevándosela consigo cuando salió para tierras marroquíes.

No muy lejos de Ceuta, su primo, Abi Jouma, dirigía un campamento militar que había comenzado a levantarse después de 1415 con vistas a organizar tropas que evitasen la expansión cristiana por aquellas tierras o incluso para intentar el asalto a la propia Ceuta en el mejor de los casos[3].

Muerto Jouma a manos de los portugueses, Ben Rashid tomó la iniciativa de transformar el campamento militar en un emplazamiento permanente. Cuenta la tradición que el caudillo musulmán prometió a su esposa Lala-Zara que la nueva ciudad de Chefchaowen -la cual iba a contruir a raiz de aquel campamento- se levantaría a semejanza de Vejer, pues ella con honda tristeza echaba de menos su patria, y el caudillo deseaba mitigar la nostalgia de su esposa. Corría el año 1471.

Al deseo del marroquí debió ayudar no solo el hecho físico, buscando una similitud con el pueblo gaditano observable hoy a primera vista, sino también, y sobre todo, el elemento humano. Chefchaowen llegó a conocer tres éxodos andaluces durante el reinado de Ben Rachid, convirtiéndose en una réplica de Al Andalus en lo que se refiere a la cultura, gracias, principalmente, a la tradición musical andalusí.

Rodeada de muros, la ciudad se extendió a lo largo de casi 40.000 m/2, espacio más que suficiente para albergar en poco tiempo a 10.000 habitantes, de los que al menos 3.000 eran andaluces[4].

Es así como la tradición prefiere atesorar en su recóndita esencia una fundación a partir del amor romántico y no de un estado de guerra. Un amor que va más allá de la muerte de Lala-Zara y que se reflejará en sus hijos, cuyos actos quedaran poderosamente grabados en la memoria de los contemporáneos y, en consecuencia, en la propia historia de Marruecos.

Hoy Chefchaowen es uno de los pueblos más bellos de Marruecos, hermanado con Vejer de la Frontera desde el año 2000 y con Barbate recientemente.

 

Mawlay Ibrahim, el gobernante generoso

 Del matrimonio de Ben Rashid con Lala-Zara nacieron dos hijos: Mawlay Ibrahim y Saida al Hurra. A la muerte de su padre, quien los había querido entrañablemente y proporcionado junto a la madre una exquisita educación, los hijos dominarán toda la zona inmediata al Estrecho por su lado meridional. Y lo van hacer hasta el punto que, en opinión acreditada de Gozalbes Busto, “Mawlay Ibrahim y Saida al Hurra, los hijos de la vejeriega, son tan célebres en el Marruecos de su tiempo, que no puede escribirse sin ellos la historia de su país”[5].

Ibrahim estuvo desde pequeño muy ligado a la vida militar. Siendo aún un niño sirvió como rehén a los portugueses, seguramente para obligar al padre a pagar un rescate después de haber sido hecho prisionero y liberado en un encuentro bélico con la guarnición de Tánger.

Aparece como soldado por vez primera en las crónicas hacia 1510, con veinte años, al frente de tropas de Chefchaowen que, junto a las de Tetuán y Alkazarquivir, se disponían a ponerle cerco a Arcila, en manos portuguesas; vuelve a encabezar las tropas al siguiente año para efectuar una razia en los alrededores de aquella ciudad. Desde entonces, ya no abandonará su afición a la milicia, cuestión a que obligaba una circunstancia de frontera entre portugueses, españoles y marroquíes, sobre todo a partir de los llamados presidios cristianos, habituados a organizar ataques sobre los aduares marroquíes para subsistir, y también para impedir la reorganización del enemigo.

Sus cualidades como militar y su apoyo al sultán Mawlay Ahmed al Watasi, convierten a Ibrahim en el principal valido de éste, de forma que nada se hace en el reino de Fez sin su aprobación. De hecho, llegará a casarse con la hermana del sultán, La-la Aixa.

Pero Ibrahim no solo era un hombre dedicado a la guerra y al poder, sino que, a imagen de los caballeros medievales, tenía otras cualidades más estimables. Para empezar, además del árabe, hablaba perfectamente portugués y castellano, demostrándose su gran talante humanista en su falta de intransigencia, incluso en el ámbito religioso, y en la fama que tenía entre los portugueses –sus enemigos directos- de ser hombre de gran generosidad y recto juicio.

Esto no quiere decir que tuviese ínfulas de santo. Hombre que vestía con elegancia incluso en los combates, era muy dado al vino y a las mujeres, esto es, a ciertos placeres de la vida generalizados entre hombres de distintas culturas y épocas.

Observaba siempre la costumbre de enviar al gobernador de Arcila, tras infligirle una derrota, sus más sentidas condolencias, informándole con ellas del estado de los prisioneros que había capturado. Cosa a la que el gobernador respondía en el mismo tono. Es más, algunas veces, Ibrahim le anunciaba el ataque que iba a efectuar a la guarnición, enviando un mensajero que siempre iba acompañado de algún valioso regalo.

Todas estas cualidades se pusieron de manifiesto en el caso de Fray Andrés de Espoleto[6].

Había acudido el fraile al reino de Fez con la intención de predicar la fe católica, dispuesto a morir a imagen de Jesucristo para demostrar la supremacía de esta frente a cualquier otra. Por regla general, no eran los musulmanes amigos de mandar a la hoguera o lapidar a los predicadores cristianos, dentro de una tradición tolerante hacia las religiones “del libro” o Antiguo Testamento: cristianas o judías. No por ello desistió el fraile en su intención de morir inmolado, pidiéndoselo a Ibrahim, y desoyendo incluso las palabras de los propios cautivos cristianos de la ciudad que le rogaban abandonase tal empeño. El gobernante fingió acceder, para luego dilatar la cuestión. Pero, resuelto Fray Andrés de Espoleto a sacrificarse de cualquier manera, el marroquí solicitó la presencia de algunos de los mismos cristianos que intentaban disuadirlo, quienes firmaron en una cédula como testigos de la intención  del fraile y de la negativa del musulmán. Al fin, ha pasado  la historia de las religiones la muerte de Fray Andrés de Espoleto como un martirio, cuando en realidad nunca estuvo en la autoridad principal de la ciudad el deseo de hacerle ningún daño.

Mawlay Ibrahim, el hombre que despertó la admiración de sus enemigos hasta el punto de quedar reflejada su vida en testimonios escritos de estos como si fuese un héroe cristiano; el hijo de la cautiva vejeriega que inspiró la creación de un pueblo, murió de disentería antes de haber cumplido los cincuenta años. Es indudable que tanto enemigos como amigos lamentaron pública o ocultamente esta pérdida.

 

Al Mandari, el granadino que fundó Tetuán

 Ya en el año 1400, la desembocadura del río Martil, Martín o Cruz, llamado por los naturales Uad el Yelú o Río Dulce[7], cerca de donde se ubicaría la ciudad, era Tetuán un nido de piratas, sufriendo el castigo de una escuadra cristiana que causó grandes estragos[8]. Tras la conquista de Ceuta, los portugueses se dedicaron a realizar cabalgadas (fossados decían ellos) sobre el territorio que rodeaba a Tetuán, población ubicada a diez millas río arriba[9], y luego atacaron la ciudad directamente, huyendo sus habitantes y dejando el lugar despoblado[10].

Pero es en 1437 cuando una incursión portuguesa destruye la ciudad, quedando prácticamente desierta casi cincuenta años.

El renacimiento de Tetuán es obra de un notable de Granada. Se trata de Sidi Alí al Mandari, “ex alcalde granadino de Píñar que, acompañado de tres centenares de guerreros de la mejor nobleza granadina, abandonó la lucha, antes de 1485, emigrando a Marruecos y reconstruyendo las ruinas de Tetuán.

La figura de Al Mandari no emerge diáfana y en todas sus dimensiones de la oscuridad de una época que no supo plasmar en crónicas fiables su vida. Acaso un puñado de documentos y la labor erudita e imponderable de Gozalbes Busto haya suplido en buena parte la pobreza de referencias a las que nos enfrentamos[11].

Es indudable que Al Mandari fue un hombre previsor e inteligente, pues logró permanecer en el poder durante más de cincuenta años. Era, además, a decir del padre Contreras, que como rescatador de cautivos tuvo tratos directos con él, persona de gran humanidad y que procuraba, dentro de las posibilidades de una época de mazmorras, tratar a los esclavos cristianos sin ningún tipo de desprecio[12].

Bajo las órdenes de Al mandari, los nazaritas,  luego de levantar un castillo, armaron fustas en el río con las que azotaron las costas españolas[13].  De hecho, “no puede hablarse de actividad corsaria a gran escala –ha escrito Gozalbes- más que cuando Tetuán resucita de sus cenizas”[14]. Sus razzias y asaltos a naves y tierras cristianas, principalmente entre el Estrecho de Gibraltar y Almería, les proporcionaron numerosos cautivos, con los cuales se realizaron obras en la ciudad y se construyeron las mazmorras[15]. Sabemos que aquí, como en Rabat, Salé y Fez, fue donde principalmente se asentaron los moriscos venidos de Granada o expulsados a partir de la conquista del reino nazarí[16].

La conquista del Peñón de Vélez y de Orán contribuyó a que los corsarios se concentraran en Tetuán la cual, en 1509, “contaba con una flota de trece fustas con tripulaciones mixtas: remeros berberiscos y `hombres de la mar e adalides´ granadinos”[17]. Poco a poco, Tetuán sustituye a Targa, otro puerto constituido en la salida mar de la región de Xauen[18], y que con toda probabilidad Ben Rasid había fomentando para las acciones corsarias, constituyéndose en el principal enclave corsario al oeste de Argel, y causa principal de la despoblación ribereña entre Huelva y Almería, afectando tanto a hispanos como a otros europeos[19].

Y todo ello merced a unos marinos procedentes del territorio granadino, con poco más de 10.000 habitantes[20], y con una particularidad: no existía el corso berberisco antes del último cuarto del siglo XV. Y no solo eso. El propio reino nazarí no poseía algo que pudiera considerarse como una escuadra. Es más, buena parte de los habitantes ribereños de esta zona del Magreb – los gumaris- no solo  carecían de naves y medios para sostener una actividad corsaria, sino que se mostraban especialmente contrarios a cualquier trabajo que tuviese que ver con la navegación, e incluso con la pesca[21]. Fueron los exiliados del territorio español los que implantaron la piratería musulmana en el Mediterráneo y en las costas atlánticas marroquíes: Argel, Trípoli, Targa, Salé, el mismo Tetuán no se entienden sin esta nueva realidad: “El odio y la venganza –ha escrito Gozalbes- alimentaron los esfuerzos de muchos de aquellos que jamás habían sido marinos. El afán de lucro y rápidas  riquezas avivó los ánimos, incluso de aquellos que quedaban en tierra pero alimentaban económicamente aquellas expediciones[22]”.

Incluso Al Mandari llegó a tener una flota de guerra dedicada al corso y al asalto de las costas cristianas peninsulares, y en la ciudad iba a prosperar una nueva oligarquía merced a los rescates de los capturados por las acciones corsarias, que conforma toda una sociedad esclavista[23]. En adelante, el alcaide de la ciudad va a ser siempre el mayor detentador de esclavos, producto de los asaltos corsarios, y quien va a tener preferencia a la hora de formalizarse los rescates con cualquiera de las órdenes redentoras, especialmente mercedarios y trinitarios[24].

Aún así, Al Mandari, como Ben Rashid, no siempre se sintieron seguros en sus respectivos gobiernos. En 1501, ambos jefes estaban dispuestos a aceptar ayuda portuguesa para trasladarse con sus familias a Túnez. Las causas no están nada claras. Probablemente, tengan estas que ver con la intención del rey don Manuel de Portugal de entrar en Marruecos con 26.000 hombres[25], una fuerza que difícilmente hubiesen podido contener no ya los gobernantes del norte, sino todo el territorio marroquí con sus numerosas y diversas ciudades; además, el reino de Granada andaba revuelto a cuenta de la presión monárquica sobre los musulmanes, materializándose a principios de 1502 la expulsión de todos aquellos que no accediesen a convertirse al catolicismo, casi diez años después de que se hubiese hecho lo propio con los judíos. Unos y otros suponían una llegada masiva de gente al territorio magrebí, particularmente a las ciudades costeras, y también a Fez, a Tetuán, Xauen…Por un lado, alimentaban la piratería en todos los puertos contra toda nave cristiana, y en especial contra las costas de la península, y por otro, forzaban una inestabilidad en los estados donde se asentaban.

Con todo, los distintos testimonios de la época no dejan lugar a dudas: es el puerto de Tetuán el principal foco de la piratería que se padece en las costas del sur de la península ibérica, indudablemente gracias a su cercanía, pero también al conocimiento que los habitantes de la ciudad tenían del terreno y a la ayuda de países enemigos de España. De hecho, algunas de las expediciones argelinas partirán de aquí.

Cervantes pone de manifiesto la ventaja que suponía la escasa distancia existente entre las costas europeas y africanas para que los corsarios de Tetuán actuaran en el Estrecho y zonas adyacentes, ya que desde esta ciudad  se podían hacer incursiones en un mismo día, tanto al este como al oeste de Gibraltar, “pues anochecen en Berbería y amanecen en las costas de España, y hacen de ordinario presa, y se vuelven a dormir a sus casas”[26].

Este es el principal motivo de que la gente que acude a la almadraba de Zahara –y con ella la del resto de nuestra costa- no pueda

 

“…dormir sueño seguro sin el temor que en un instante los trasladen de Zahara a Berbería. Por esto las noches se recogen a unas torres de la marina, y tienen sus atajadores y centinelas, en confianza de cuyos ojos cierran ellos los suyos, puesto que tal vez ha sucedido que centinelas y atajadores, pícaros, mayorales, barcos y redes, con toda la turbamulta que allí se ocupa, han anochecido en España y amanecido en Tetuán…”[27].

  

Saida al Hurra, la hija de una vejeriega al frente de una ciudad pirata

 Saida al Hurra es otra personalidad clave en la historia de Marruecos. Ni en el mundo cristiano ni en el musulmán era entonces fácil que una mujer que no poseyese sangre real pudiese destacar en nada. A decir de Gozalves, “es un caso extraordinario, no solo en su época, sino en toda la historia marroquí, que no conoce, en el campo de la política activa y directa, la intervención de mujeres, tal como aparece la actuación de esta medio vejeriega”[28].

Erigido Al Mandari en el hombre fuerte de la zona tetuaní, y dada su más que probable origen noble, Ali Ben Rashid, padre de Saida al Hurra, pensó que podía ser el mejor partido para su hija, casándola con el granadino siendo ella muy joven.

Al Mandari tuvo que enfrentarse pronto a un ambiente hostil, celoso de la minoría que se había puesto al frente de Tetuán. El matrimonio fue por tanto un concierto de intereses entre una oligarquía con experiencia en el dominio del territorio y con numerosos adeptos, y un recién llegado que buscaba un apoyo firme sobre el que sostenerse.

Claro que casi los últimos veinte años de esos cincuenta que Al Mandari mantuvo el poder, fue su esposa, Saida al Hurra la que llevó las riendas del mismo. Y ella era otra cosa muy distinta. Persona de gran carácter, hasta el punto de que un embajador portugués la califica de “mujer belicosa y muy violenta”[29], se fue acostumbrando, en las temporadas que se ausentaba su esposo con motivo de las expediciones militares, a quedarse como gobernadora de la ciudad. Es así como, una vez alcanzada la senectud por Al Mandari, con quien llegaría a tener una hija, y sin capacidad el granadino ya para ejercer su mandato, ella se encarga, como mujer decidida y experimentada, de llevar las riendas de la ciudad. Y esas riendas se movían en función del corso, su gran negocio.

Ese negocio no era cualquier cosa. Sus acciones piratas y su lugar estratégico convierten a la ciudad de Tetuán en el más importante mercado de esclavos del Mediterráneo occidental, de los que viven allí a partir de aquella fecha unos tres mil, según Luis de Mármol[30] y León el Africano[31], cantidad que se eleva a cinco mil para el Padre Contreras, todas cifras quizá algo abultadas[32]. En cualquier caso, el monto del dinero de los rescates para liberar a estos cautivos debían suponer unos ingresos fabulosos para la oligarquía tetuaní, de la que Al Mandari y Saida eran sus más ilustres representantes.

Se enmarcaba este negocio corsario, además, dentro de la secular lucha contra los cristianos, siendo una prolongación del conflicto que hacía siglos venía desarrollándose en la península. Lo cual, desde luego, concedía una validez moral a cada una de las acciones piratas sobre el enemigo cristiano.

El tándem Ben Rashid- Al Mandari (luego Ben Rashid-Saida al Hurra) impidió que la dominación portuguesa se extendiera más allá de unas cuantas ciudades marítimas, a la vez que transformó una lucha meramente defensiva en ofensiva merced a aquel corso, que tuvo en Tetuán el principal pilar en el oeste mediterráneo, como Argel lo fue en el central.

Por otro lado, en Fez no existía, a manos del sultán, un poder tan fuerte como para someter a las ciudades del norte, pero tampoco tan débil como para que fuese ignorado por estas. Así, mientras desde Fez el sultán intentaba controlar las ciudades que nominalmente estaban bajo su órbita, Tetuán, que era una de estas ciudades, en manos de Al Hurra, gozaba de una independencia casi absoluta. Parece ser, que es hacia el año 1523 cuando la esposa de Al Mandari coge las riendas del poder[33], seguramente porque al granadino le pasaban factura los años y el cansancio. El hecho de que, entre 1537 y 1538, unas negociaciones de paz entre Lisboa y Fez se estaquen a causa de negarse los marroquíes a incluir a Tetuán, demuestran hasta que punto esta ciudad goza de independencia, quizá ya bajo la órbita de la influencia turca. El sultán no tenía capacidad alguna para prohibirle a la gobernadora de hecho, la hija de la vejeriega, que siguiese ejerciendo el corso.

Pero, para entonces, la política en Marruecos es todo un avispero donde los equilibrios son inestables y las inclinaciones de los distintos poderes basculan entre cristianos y turcos, por no hablar de nuevos actores, representados por extensas familias, que emergiendo del propio suelo marroquí se hallan en pugna[34].

Muerto poco después Al Mandari, Saida se va a casar en 1541 con el sultán de Fez, Mawlay Ahmed Al Watasi, lo que en principio le permitía seguir siendo la rectora de los destinos de Tetuán. Celebrada la boda en esta ciudad, es evidente que estamos –como afirma Gozalbes- ante un enlace de naturaleza política, en el que ambas partes sacaban rédito: Al Watasi se garantizaba un apoyo firme de una ciudad convertida en baluarte de la lucha islámica contra el poder invasor cristiano, y Saida Al Hurra recibía un espaldarazo a su legitimidad, además de asegurar una retaguardia belicosa y mudable, el lugar desde el que podía llegar el verdadero peligro en una época en la que los turcos estaban consolidando su poder marítimo en todo el Mediterráneo.

Pero los días de Saida en Tetuán estaban contados. Quizá la ciudad y su entorno no aceptaban con agrado esa estrecha vinculación con Fez que ella había propiciado al casarse con el sultán; quizá, el avance turco pretendía hacer con Tetuán lo que ya había hecho con Argel, algo que tal vez intentaba evitar Saida casándose con el sultán, Ahmad al-Watassi; quizá, los servicios de espionaje cristianos –tanto portugueses como castellanos- estaban dinamitando las bases del poder en el norte de Marruecos, puesto que ese poder no les era favorable. En definitiva, a lo largo de los años toda la zona se había venido convirtiendo en un tablero de ajedrez en el que se jugaba el dominio de la zona oeste del Estrecho, perdida ya para los cristianos la oriental y gran parte del Mediterráneo abandonado a su suerte.

Lo cierto es que, hacia el año 1541, se produce una conspiración en el seno de la aristocracia tetuaní para deponer a Saida. Suponemos que sale hacia Fez para reunirse con su marido. De ser así, no pudo vivir muchos años en paz. En 1545, en la batalla sobre el río Derna, al-Watassi cae derrotado a manos de los saadíes, quienes tienen su capitalidad en Marrakech[35]. No obstante, tras la firma de un acuerdo, el sultán aún puede recuperar el trono en 1547, aunque no llega a reinar dos años. El 31 de enero de 1549, Muhammad al-Sayj entra en Fez, ordenando la muerte de al-Watassi y parte de su corte[36]. Ignoramos si entre esta se hallaba su esposa Saida.

  

Orto y ocaso del Tetuán pirata

 La desaparición de Saida al- Hurra del escenario político no menguó en absoluto la principal actividad de la ciudad. Es más, es muy probable que sea, aproximadamente, entre 1550 y 1580 cuando Tetuán se convierta en el origen de la piratería más temida en las costas gaditanas[37]. Sin embargo, la falta de referencias explícitas nos impide conocer cuántas de las actuaciones corsarias en nuestra costa tenían origen en este puerto.

Sabemos que en 1549 su puerto acoge a veinte naves argelinas, provocando la inquietud en la costa gaditana[38]. Álvaro de Bazán, por orden de Felipe II, cegó la barra de su río en 1565 “echando en ella varias chalupas y dos bergantines cargados de peñascos de Gibraltar”[39]. No parece que tal acción significara un freno para la piratería, pues los naturales lograron reflotar los dos bergantines[40].

El arribo de los moriscos huidos de España y la influencia turca[41] aumentan su efectividad corsaria. En 1573, existían allí no menos de 23 naves, turcas y autóctonas, que en ese años salieron de expedición a la costa almeriense al mando del caíd Said ed Dhogali[42]. Incluso, tres años más tarde, el mismo alcaide de Tetuán era turco[43].

A principios del siglo XVII, se decía de su puerto que en él “un pirata puede hacer aguada, hallar buen refresco y comprar reservas de pólvora”, pólvora que era llevada al lugar por ingleses y flamencos[44].

La influencia turca no dejó de sentirse, aunque fuese con altibajos[45]. “Los mercados de esclavos de Tetuán y Argel –escribe Gozalbes- estuvieron íntimamente comunicados, complementándose el uno al otro, siendo normalmente el de Tetuán el que proporcionaba al argelino los mejores y más numerosos lotes de la mercancía apetecida”[46]. Todavía en el año 1646[47],  tenemos noticia de una empresa conjunta con los colegas de oficio de Argel para realizar un asalto.

Las luchas internas en Marruecos, incrementadas desde principios del XVII, debieron estorbar la actividad de los corsarios. A mediados de este siglo, escribe Gozalbes que los dirigentes tetuaníes buscaban afanosamente otras alternativas al corso[48].  Pero todavía en 1670, frecuentaban las costas andaluzas, “robando en ellas las marinas, cautivando las familias, y también a los pescadores…”, lo que motivó una respuesta del Duque de Medina Sidonia, que fabricó dos bergantines y solicitó y obtuvo de la Corona una patente de corso[49]. Esto no sería más que un ligero inconveniente para los piratas, que siguieron actuando, como lo demuestra el hecho de que, en el año 1693, se volviera a cegar -o por lo menos a intentarlo- la barra de Tetúan, trabajo que no serviría para nada pues “quedaba bastante capacidad para que salieran las embarcaciones”[50].

Tetuán vivió estos años independiente de los sultanes de Fez, con sus piratas y sus viviendas y espacios públicos de sesgo andaluz. De hecho, en 1625, el enviado inglés Harrison, afirmaba de los tetuaníes que “no reconocen ningún rey, sino Dios…y quieren formar un estado libre como Venecia”[51]. Pero su supervivencia como ciudad soberana tenía los días contados. Con el tiempo acabó siendo absorbida por el poder de los jerifes marroquíes, y se mezcló en luchas intestinas que la llevaron, en 1739, a ser completamente arrasada. Las relaciones con España mejoraron a fines del siglo XVIII[52], lo que supuso la desaparición de sus corsarios. Finalmente, en 1859, España optó por la invasión militar del territorio marroquí, siendo ocupada al año siguiente la ciudad por tropas españolas a las órdenes del general O´Donell[53].

Para concluir nuestras pinceladas históricas sobre Tetuán, qué mejor que las inspiradas y evocadoras palabras de Gozalbes Busto:

 

Es un granadino quien funda la ciudad de Tetuán y es el pueblo granadino, en todos sus estratos sociales, quien compone la población tetuaní. Podríamos hablar, con toda propiedad, del periodo de nacimiento y crecimiento de la ciudad de Tetuán, como siglo del Mandari o siglo granadino.

Un Tetuán que es la prolongación dolida de Granada en tierras africanas, con recuerdos persistentes y nostálgicos de la misma, que jamás han dejado de existir en las mentes y el sentimiento de sus habitantes más preclaros[54].

  

 

 

 

 

 

 



[1] El tema ha sido tratado antes en nuestra comarca por MORILLO CRESPO: Vejer de la Frontera y su comarca. Aportaciones a su historia. Diputación Provincial. Cádiz (1975): 122-123; también por MUÑOZ RODRÍGUEZ, A.: Vejer. Ed.: Diputación Provincial de Cádiz (1996); en este artículo me ciño al trabajo que ambos historiadores usaron como fuente, obra de GOZALBES BUSTO, G.: Huellas vejeriegas en el norte de Marruecos. Estudios de Historia y Arqueología Medievales, Cádiz, II (1982): 61-70, quien a su vez se sirve fundamentalmente de dos fuentes bibliográficas portuguesas: la Crónica del Rei D. Manuel, de Damiao de Goes; y los Anais de Arzila, de Bernardo Rodrigues.

[2] Gozalbes Busto, G.: Huellas vejeriegas en el norte de Marruecos. Biblioteca Española de Tetuán. Pág. 63.

[3] //www.Chefchaouwen.info/index.php?pag=1_2-3

[4] //www.Chefchaouwen.info/index.php?pag=1_2-3

[5] Gozalbes Busto, G.: Huellas vejeriegas en el norte de Marruecos. Biblioteca Española de Tetuán. Pág. 65.

[6] Gozalbes Busto, G.: Huellas vejeriegas en el norte de Marruecos. Biblioteca Española de Tetuán. Págs. 66-67.

[7] Cestino, Joaquín: El Estrecho. Treinta siglos de historia en Gibraltar, Tánger, Tarifa, Ceuta y Algeciras. Ed. Arguval. Málaga, 2004. Pág. 234.

[8] Sánchez Saus, R.: Tarifa, el Estrecho y los Almirantes de Castilla (1394-1478). En “Tarifa en la Edad Media”. Ed. Manuel González Jiménez. Ayuntamiento de Tarifa (Cádiz) 2005. Pág. 224; Ruiz de Cuevas, T.: Apuntes para la Historia de Tetuán. Ed.: IMNASA. Madrid, 1973 (1ª ed. 1951). Pág. 18.

[9] Contreras, Alonso de: Derrotero Universal del Mediterráneo. Manuscrito del siglo XVII. Ed. Algazara. Málaga (1996). Pág. 175.

[10] León el Africano: Descripción de África. Ed. Hijos de Muley Rubio, S.L. Madrid (1999). Pág. 165. León dice que se despobló durante casi 95 años, aunque si tomamos como referencia la fecha de la conquista de Ceuta por los portugueses (1415), no parece que tal despoblación llegara a los 80 años.

[11] Gozalbes Busto, G.: Al Mandari, el Granadino, fundador de Tetuán. Granada, 1993.

[12] Gozalbes Busto, G.: Al Mandari, el Granadino, fundador de Tetuán. Granada, 1993. Pág. 169  y ss.

[13] Cánovas del Castillo, A.: Apuntes para la Historia de Marruecos. Ed. Algazara. Málaga, 1991. Pág. 92.

[14] Gozalbes Busto, G.: Al Mandari, el Granadino, fundador de Tetuán. Granada, 1993. Pág. 84

[15] Ruiz de Cuevas, T.: Apuntes para la Historia de Tetuán. Ed.: IMNASA. Madrid, 1973 (1ª ed. 1951). Pág. 20.

[16] Enciclopedia Espasa- Calpe. Término “Tetuán”. El mismo León el Africano era uno de los expulsados después de la toma de Granada en 1492: León el Africano: Descripción de África y de las cosas notables que en ella se encuentran. Traducción y edición crítica de Luciano Rubio. Ed. Hijos de Muley Rubio S.L.. Madrid, 1999. Introducción; el mismo rey Boabdil se trasladó con toda su familia y corte a Fez.

[17] López de Coca, J.E.: Consideraciones sobre la frontera marítima. Actas del Congreso “La Frontera Oriental Nazarí como Sujeto Histórico (Siglos XIII-XVI)”. Almería (1997). Pág. 402.

[18] Gozalbes Busto, G.: Los moriscos en Marruecos. Ed.: E.G. Arte, Juberías & cía., S.A. Granada, 1992. Pág. 236.

[19] Gozalbes Busto, G.: Los moriscos en Marruecos. Ed.: E.G. Arte, Juberías & cía., S.A. Granada, 1992. Pág. 184.

[20] Cifra estimada hacia 1540. Gozalbes Busto, G.: Los moriscos en Marruecos. Granada, 1992. Pág. 208.

[21] Gozalbes Busto, G.: Los moriscos en Marruecos. Ed.: E.G. Arte, Juberías & cía., S.A. Granada, 1992. Pág. 47.

[22] Gozalbes Busto, G.: Al Mandari, el Granadino, fundador de Tetuán. Granada, 1993. Págs. 83 y 84.

[23] Gozalbes Busto, G.: Los moriscos en Marruecos. Ed.: E.G. Arte, Juberías & cía., S.A. Granada, 1992. Pág. 47 y 48.

[24] Aragón Fernández, A.: Asaltos de Piratas Berberiscos al Litoral Gaditano de La Janda. Tarifa, 2009. Pág. 183 y ss.

[25] Gozalbes Busto, G.: Al Mandari, el Granadino, fundador de Tetuán. Granada, 1993. Pág. 113.

[26] Cervantes: D. Quijote de la Mancha. Parte I. Cap. XLI.

[27] Cervantes:  La Ilustre Fregona. Ed. Carrogio, S.A. Barcelona, 1988. Pág. 242.

[28] Gozalbes Busto, G.: Huellas vejeriegas en el norte de Marruecos. Biblioteca Española de Tetuán. Pág. 69.

[29] Ibid.

[30] Cánovas del Castillo, A.: Apuntes para la Historia de Marruecos. Ed.: Algazara. Málaga (1991). Pág. 92.

[31] León el Africano: Descripción de África…Pág. 165.

[32] Gozalbes Busto, G.: Las mazmorras de Tetuán (Contribución al estudio de la Historia de Marruecos). Estudios de Historia y de Arqueología Medievales. Volumen 3-4. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1984. Págs. 247-248; Gozalbes Busto, G.: Los moriscos en Marruecos. Ed.: E.G. Arte, Juberías & cía., S.A. Granada, 1992. Pág. 150.

[33] Gozalbes Busto, G.: Al Mandari, el Granadino, fundador de Tetuán. Granada, 1993. Pág. 167.

[34] Para una aproximación a todo este juego de equilibrios: Alonso Acero, B.: Alonso Acero, B.: Sultanes de Berbería en tierras de la cristiandad. Ed.: Bellaterra. Barcelona, 2006.

[35] Diego de Torres: Relación del origen y suceso de los xarifes y del estado de los reinos de Marruecos, Fez y Tarudante. Edición, estudio, índices y notas de Mercedes García Arenal. Ed.: Siglo XXI. Madrid, 1980. Pág. 6.

[36] Alonso Acero, B.: Sultanes de Berbería en tierras de la cristiandad. Ed.: Bellaterra. Barcelona, 2006. Pág. 67.

[37] Aragón Fernández, A.: Asaltos de Piratas Berberiscos al Litoral Gaditano de La Janda. Tarifa, 2009. Pág. 133 y ss.

[38] Sancho de Sopranis, H.: Cádiz y la piratería turco-berberisca en el siglo XVI…Pág. 40.

[39] Cánovas del Castillo, A.: Apuntes para la Historia de Marruecos…Pág. 93; Contreras, Alonso de: Derrotero Universal del Mediterráneo…Pág. 175.

[40] Ruiz de Cuevas, T.: Apuntes para la Historia de Tetuán. Ed.: IMNASA. Madrid, 1973 (1ª ed. 1951). Pág. 22 (N.A.)

[41] La amistad de los marroquíes con los turcos la atribuye Cánovas al desprecio por la misma de portugueses y castellanos o, más concretamente, a que Abdelmelic, el Moluco, se hartó de esperar del rey español auxilios para ocupar el trono, con lo que “se acogió al amparo de los turcos, y hallóse con ellos en varias batallas navales, y en la toma de la Goleta a los españoles” ( Cánovas del Castillo, A.: Apuntes para la Historia de Marruecos…Pág. 93 y ss). Según  esto, dicha amistad dataría de una fecha próxima a 1570. Pero ya sabemos que viene de antes, pues los turcos estuvieron desde la tercera década del siglo presentes en algunos puertos corsarios marroquíes.  

[42] Feijoo, R.: La ruta de los corsarios. Ed.: Laerte, S.A. Barcelona (2000). Tomo II, págs. 118-120.

[43] Gozalbes Busto, G.: Los moriscos en Marruecos. Ed.: E.G. Arte, Juberías & cía., S.A. Granada, 1992. Pág. 32.

[44] Gosse, F.: Historia de la Piratería. Ed.: Espasa Calpe, S.A. Madrid (1935). Pág. 142.

[45] Vide, p.e., Cánovas del Castillo, A.: Apuntes para la Historia de Marruecos…Pág. 129, y en general todo el libro.

[46] Gozalbes Busto, G.: Los moriscos en Marruecos. Ed.: E.G. Arte, Juberías & cía., S.A. Granada, 1992. Pág. 52.

[47] Álvarez de Toledo y Maura, L.I.: La relación de Barbate con las almadrabas. Conferencia. Barbate, 1999.

[48] Gozalbes Busto, G.: Los moriscos en Marruecos. Ed.: E.G. Arte, Juberías & cía., S.A. Granada, 1992. Pág. 245.

[49] Azcárraga Bustamante, José Luis de: El corso marítimo (Concepto, Justificación e Historia). Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Instituto “Francisco de Vitoria”. Madrid, 1950. Pág.  256.

[50] Real Despacho para el duque de Sessa, Capitán General del Mar Océano y Costas de Andalucía, acerca del dictamen de Francisco de Velasco, conde de Fernán Núñez, y Diego de Mendoza Villalobos acerca de quemar las embarcaciones por el rey de Mequinez [Mequinenza] y otras operaciones de socorro de la costa y las plazas de soberanía españolas en el Magreb frente al corso berberisco. Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional. OSUNA, CT. 46, D.32. PARES, Portal de Archivos Españoles. Ministerio de Cultura.   

[51] Gozalbes Busto, G.: La República Andaluza de Rabat en el siglo XVII. Pág. 74.

[52] Ruiz de Cuevas, T.: Apuntes para la Historia de Tetuán. Madrid, 1973. Págs. 25 y 29.

[53] Op. Cit. 35 y ss.; Martínez de Velasco, A.; Sánchez Mantero, R. y  Montero, F.: Manual de Historia de España. Siglo XIX. Ed.: Historia 16. Madrid, 1990. Pág. 262 y ss.; Cestino, Joaquín: El Estrecho…Pág. 235.

[54] Gozalbes Busto, G.: Al Mandari, el Granadino, fundador de Tetuán. Granada, 1993. Pág. 193.

 

Alcazaba en Tetuán

Zoco en Tetuán

Río Martil, a los pies de Tetuán

Puerta de una mezquita en Tetuán

Desde lo más alto de la alcazaba tetuaní

Gato en la medina vieja de Tetuán