EL CASTILLO DE SANTIAGO DE BARBATE

 Antonio Aragón Fernández
 
Cuando el Duque de Medina Sidonia decidió, en la segunda mitad del siglo XV,  levantar un castillo a la desembocadura del río Barbate[0], no era la primera vez que se construía una fortaleza en el lugar, pues en época musulmana había existido ya la de Warbat[1], y hasta es probable que el nuevo castillo se erigiese sobre las ruinas del antiguo, pues no sabemos de otros vestigios que los modernos. En cualquier caso, la historia del nuevo castillo será la historia de Barbate durante al menos tres siglos.
 
Ganada la zona en el siglo XIII por los cristianos, la repoblación quedó encargada a la Orden de Santiago[2]. Desconocemos si en este tiempo funcionaba el viejo castillo musulmán, pero sí tenemos noticias de un puerto situado en La Barca de Vejer, el cual a mediados del siglo XIII era uno de los cuatro más importantes de toda Andalucía, junto con los de Huelva, Sevilla y Cádiz[3].
 
Dos siglos más tarde, es bastante probable que el Duque pretendiese trasladar el puerto a la misma desembocadura para favorecer la actividad marítima mercantil de su estado, dadas las intensas relaciones comerciales con el reino de Granada y el norte de Marruecos. La idea era simple, una fortaleza podía cobijar la actividad portuaria a la entrada del mismo río, evitando la necesidad de que los buques tuviesen que subir hasta el de La Barca de Vejer. Claro que Pedro de Medina atribuye su fábrica a motivos más epopéyicos:
 
“Cuanto una legua o poco más de la villa de Bejer a la parte del mediodía es el lugar de Barbate, en la cual, porque en el tiempo de las guerras entre Castilla y Portugal, cuando don Alonso de Portugal decía pretender derecho de Castilla, y que era suyo y no de la reina doña Isabel, entonces un capitán portugués habiendo recibido daños de unos bergantines y carabelas de la villa de Bejer, sabiendo que dichos navíos estaban surtos en dicha villa en el río Barbate, en la parte que llaman La Barca, entró de noche por el dicho río Barbate en barcos y peleó con un bergantín de los que estaban surtos y llevóselo; que los otros no pudieron quitárselo porque las gentes de ellos estaban en  tierra. Como el duque don Enrique lo supo dijo: `Nunca plega Dios que en los puertos de mar mios sea señor sino yo´. Y para quitar este inconveniente, hizo edificar en la boca del río Barbate un castillo sobre la mar, bueno y fuerte como hoy parece, el cual guarda de tal manera el puerto, que ningún navío, galera, ni barco pueda entrar ni salir sin licencia del castillo, habiendo competente guarda; porque bate la mar y el río en él, y no es más ancha la boca del río cuanto pueda entrar una galera al remo y salir otra. Este castillo hace muy gran provecho para la guarda de las gentes que habitan este pueblo y de otros muchos que vienen por mar…”[4].
 
Las guerras con Portugal de las que nos habla Medina acontecieron entre 1474 y 1479, por lo que el castillo debió levantarse en esos años.  Su construcción se verificó donde hoy se halla el faro de Barbate (sus cimientos y arranques de muros se suponen bajo las arenas).
Antón y Orozco opinan que esta fortaleza “debió presentar el aspecto de un castillo hermoso y fuerte…parecido al de Santiago de Sanlúcar de Barrameda, cuya denominación de Santiago también tenía…”[5]. Sin embargo, por la descripción de Bravo de Lagunas la semejanza, al menos en la planta, no parece tan evidente como por la coincidencia de nombre y promotor pudiera pensarse. Si el castillo de Sanlúcar se tuvo que amoldar a un barranco en sus inmediaciones, ubicándose la torre del homenaje en uno de sus ángulos[6], el de Barbate se adecuaría a las rocas sobre las que se asentó:
 
“Una legua de Zaara está un castillo del dicho Duque que llaman Barbate a la boca de un río la mitad metido en la mar fundado sobre unas peñas; tiene cuatro torres en las cuatro esquinas y en medio una torre de homenage grande y fuerte. En las torres de hacia la mar está en cada una de ellas una pieza de artillería y en la una torre de parte de tierra hay dos esmeriles y en la otra torre de parte de tierra un esmeril para guarda de unas chozas de pescadores que se recogen allí…”[7].
 
Esta descripción de Bravo de Lagunas no ofrece dudas: se trata de un castillo de planta sencilla, cuadrada o rectangular con torres en las esquinas y la correspondiente del homenaje en el centro. Los cañones principales se sitúan, según se deduce, dos en el frente marítimo, una pieza mirando hacia el mar y otra al río; y luego, en las torres de tierra, dos cañones pequeños en una de ellas y otro del mismo calibre en la otra. Esta última, salvaguardando a unas chozas de pescadores, quienes seguramente se han asentado en las inmediaciones al regazo de la fortaleza. Además, esos pescadores gozan del beneplácito de su señor, pues
 
“Este castillo guarda los barcos que pescan a la boca del río ques una pesquería que se pescan caballas (ques) un pescado de que se proveen los lugares questán tierra adentro y es de mucho provecho esta pesquería para el dicho Duque y ansi tiene muy buen recaudo de munición y de las otras cosas necesarias…”[8].
 
He aquí la constatación de que la fortaleza servía, igualmente, para protección de una pesca tradicional en Barbate y que perdurará a lo largo del tiempo. Ya Barrantes había llamado la atención sobre la “abundancia de pescados”, diciendo que por esto y otras circunstancias favorables podrían vivir en el lugar “muchos vecinos”[9], lo que deja claro que no los había entonces, esto es, hacia 1540.
 
De hecho, las noticias de población que poseemos son prácticamente nulas. Sólo que en 1528 se avecinaban en el lugar, conocido como Santiago de Barbate, cinco familias, o sea, entre veinte y treinta habitantes, siendo todos los cabeza de familia pecheros[10], “gente común” en el lenguaje de la época[11] a la que toca pagar los “servicios” (pechos) o impuestos directos. Seguramente se trataba del alcaide del castillo, los guardas y sus respectivas familias, quienes compaginarían labores agrícolas con la pesca. En cualquier caso, no más de cinco o seis hombres responsables de la defensa y mantenimiento del castillo[12].
 
Esto, al menos, es lo que se deduce de los textos susodichos. Además, la defensa de la fortaleza se asemeja a la de Zahara:
 
“Tiene un alcaide y sus guardas que hacen recoger la gente dentro del castillo; desde la dicha Zaara a este castillo es todo playa descubierta sin cala ninguna y responden con Zaara en almenaras y ahumadas”[13].
 
La actividad de este baluarte no sólo se limitó a la defensa de la entrada del río y de los pescadores, sino que con su apoyo se dio cobertura a las pesquerías atuneras de Conil y Zahara, pues en él se recibían pertrechos y bastimentos para las faenas almadraberas, verbigracia barriles y sal procedentes de Sanlúcar, y además salían barcos cargados de atún hacia diversas ciudades mediterráneas, como Barcelona, Valencia o Nápoles. Esos barcos podían ser del duque, que en 1528 poseía para tal efecto tres galeones y cuatro carabelas[14], pero cabe suponer que fueran muchos otros los que se sumarían a tan lucrativo comercio. Y todo ello bajo el amparo de la artillería del castillo.
 
Tampoco debían ser pocas las personas que acudían a Barbate, seguramente al socaire de las almadrabas adyacentes, pues el río posibilitaba un puerto natural, imposible de verificar en Conil ni Zahara. Ello hizo que la condesa Leonor Manrique, siempre preocupada por la espiritualidad del estado ducal, interviniese aquí a semejanza de cómo lo hizo en las almadrabas, porque “aficionada la Condesa a las ermitas, en tiempo propicio al ermitaño, por serlo de miedo y superstición, al saber que las `muchas personas´, que acudían o residían en la desembocadura del Barbate, dejaban de cumplir `con el culto divino´, por faltarles lugar y celebrante, convirtió en capilla estancia del castillo, adornándola con retablo de `los Reyes´, pintado in situ por Juan Cerfate, en 1564. A tal fin, los frailes de San Francisco de Vejer percibieron 15.000 maravedís anuales por celebrar en días de precepto…”[15].
Las misiones del alcaide del castillo eran bastante simples: “tendría la artillería limpia y en orden…Le competía abrir las puertas al amanecer, cerrándolas a la puesta de sol, tocar la campana para llamar a misa y a rebato, disparando salva, caso de asomar velas de moros, para que todos acudiesen a refugiarse”[16].
 
Aún siendo estas funciones sencillas, la desidia no escaseaba[17]. En 1572, el duque, ante la facilidad de las incursiones berberiscas, despide al alcaide del castillo[18], cosa que vuelve a hacer en 1587, esta vez previendo desembarcos ingleses[19]. En esta última fecha, crecía la población de Barbate al amparo de su castillo, ordenando el duque al nuevo alcaide que no se avecinen “personas de mala vivienda…y dar buen tratamiento a los que moran y van y vienen, porque así se haría crecer la población y a lo menos conservar la que se halla”[20]. Era ésta señal inequívoca de que la población no ascendía, en primer lugar por la decadencia del comercio con África, y en segundo por los efectos de la piratería. Porque no sólo se trataba de las consecuencias negativas de un monopolio, de unas relaciones ultramarinas estorbadas desde la Corona o de una pesca que no podía significar gran cosa por la distancia a que estaba de las grandes urbes. Parece fuera de toda duda, visto que un puerto en la desembocadura del río era mucho más cómodo que en el interior y que el de la Barca sí prosperaba, que la piratería estaba socavando toda posibilidad de progreso a Barbate, limitándose el lugar por mucho tiempo a la fortaleza y poco más que sus defensores.
 
A este respecto, el golpe de mano de 1562 -probablemente perpetrado por Aligur- y el de 1572 debieron ser letales. Es de suponer que de las 20 personas que se llevó cautivas, la mayoría estuviese allí con ocasión de la actividad almadrabera desarrollada en las inmediaciones. Pero la referencia a mujeres y niños hace sospechar que los residentes fueron los principales afectados[21].
 
Con todo, el castillo de Santiago aún estaba operativo en 1737, en que Álvarez de Toledo afirma que seguía teniendo alcaide[22], pudiéndose ver perfectamente en un mapa de la costa dibujado en 1748[23]. Pero para entonces debía estar ya próximo su abandono, pues en la “Relación de 1756”, se dice que “se halla enteramente arruinado”, y que en una barraca de fajina se mantienen dos atalayadores[24]. No nos consta que para entonces se haya trasladado ya la desembocadura del río hacia levante, dejando más de un kilómetro entre ésta y la construcción, pues el mismo documento dice que el castillo, o lo que quedaba de él, estaba a “un tiro de fucil” del río[25]; otro documento, perteneciente al año 1777, certifica el pésimo estado del edificio al referir que se halla “enteramente arruinado pues sólo subsisten algunos paredones y un pedazo de torre”[26].
Finalmente, el desplazamiento de la desembocadura del río –producto de la dinámica litoral y de la deforestación de la comarca- acabó por convertir la fortaleza en construcción totalmente inútil, puesto que su principal misión había dejado de existir, sirviendo sólo la torre del homenaje como punto de enlace dentro del sistema costero, pues se incluía como tal en 1764[27]. No obstante, como hemos dicho antes, en 1777 sólo quedaba de ella “un pedazo”, aunque todavía aparece señalada en la carta esférica de Tofiño de 1787; desde luego, es más que  probable que ya no está operativa en 1826[28], no existiendo desde luego a la altura de 1869[29]. Un documento del año siguiente  refiere que “el castillo de Santiago está completamente arruinado y no puede aprovecharse de él más que algunos muros y parte de su cimentación”[30], lo cual demuestra inequívocamente que para esa fecha la torre del homenaje había desaparecido[31].
 
Sin necesidad ni posibilidad de protección, los barbateños que en esa fecha vivían en el lugar lo hacían lejos del castillo, ya en el actual casco antiguo, que se origina a fines del siglo XVIII. La gente comenzó a edificar sus viviendas con piedra, cal y barro a principios del siglo siguiente y hasta mediados del mismo las piedras del castillo sirvieron para esa empresa. Si Barbate hubiese crecido dos siglos antes al socaire de su fortaleza, ésta se hubiera mantenido en pie. Pero a finales del XVIII la piratería se hallaba en decadencia, y el puerto natural del pueblo sólo podía estar en el interior del río, por lo que los arrieros tuvieron trabajo durante muchos años en aquella cantera artificial, junto a la cual se levantó un faro hacia 1920 y  un nido de ametralladoras tras la II Guerra Mundial (construcciones ambas que debieron valerse como no podía ser menos de las viejas piedras). Todavía en los años 40 y 50 los niños barbateños jugaban con las piedras del castillo y con sus cañones, uno de los cuales quedó enterrado bajo el paseo marítimo cuando éste se amplió en la década de los 90.
 
Los ecos de su existencia han perdurado más que sus propias piedras, y en tiempos del alcalde José Caracena (1976-1978) una ciudadana americana escribió al Ayuntamiento preguntando si el castillo estaba en venta.
 
Tres siglos de vida aproximadamente tuvo esta fortaleza, una vida que aún hoy está por escribir.


[0] Los principales datos de este artículo se han extraído de: Asaltos de Piratas Berberiscos al Litoral Gaditano de La Janda. Cádiz, 2010. Antonio Aragón Fdez.
[1] Aunque no existe prueba alguna que determine su emplazamiento en la antigua desembocadura del río. Para la referencia a época islámica vide: ABELLÁN PÉREZ, J.: El Cádiz islámico a través de sus textos. Ed.: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1996 (existe reedición de 2005). Pags. 163-165.     
[2] LADERO QUESADA, M. A. Y GONZÁLEZ JIMÉNEZ, M.: La población en la frontera de Gibraltar y el repartimiento de Vejer (siglos XIII y XIV). Tirada aparte del número 4 de Historia, Instituciones y Documentos. Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1977. Pág. 11.         
[3] CARRERAS EGAÑA, A.M., ROMERO LÓPEZ, J.F. Y GALÁN VIDAL, J.: Barbate. Los pueblos de la provincia de Cádiz. Ed.: Diputación Provincial de Cádiz, 1988. Pág. 92.     
[4] Citado por ANTÓN SOLÉ, P Y OROZCO ACUAVIVA, A.: Historia Medieval de Cádiz y su provincia a través de sus castillos. Ed.. Instituto de Estudios Gaditanos. Diputación Provincial de Cádiz, 1976. Págs. 170-171; BARRANTES MALDONADO, P.: Ilustraciones de la Casa de Niebla. Edición de Federico Devis Márquez. Ed.: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz y Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda. Cádiz, 1998.  Pág. 406.     
[5] Antón Solé, P y Orozco Acuaviva, A.: Historia Medieval de Cádiz y su provincia…Pág. 172.
[6] Antón Solé, P y Orozco Acuaviva, A.: Historia Medieval de Cádiz y su provincia…Pág. 96 y ss.
[7] SANCHO DE SOPRANIS, H.:  El viaje de Luis Bravo de Laguna y su proyecto de fortificación de las costas occidentales de Andalucía de Gibraltara Ayamonte. Archivo del Instituto de Estudios Africanos. Año IX. Núm. 42. Madrid, 1957.  Págs. 61-62.
[8] Op. Cit. Pág. 62.
[9] Barrantes Maldonado, P: Ilustraciones de la Casa de Niebla…Pág. 406.
[10]  BOHÓRQUEZ JIMÉNEZ, D.: El Ducado de Medina Sidonia en la Edad Moderna: Chiclana de la Frontera. Demografía, Economía, Sociedad e Instituciones (1504-1810). Ed.: Ayuntamiento de Chiclana de la Frontera, Diputación de Cádiz y UNICAJA. Chiclana, 1999.  Tomo I. Pág. 37 y ss.       
[11] CARANDE THOVAR, R.:  Estudios de Historia, 1. Temas de historia de España. Ed. Crítica. Barcelona, 1989. Pág. 101.
[12] Situación que no puede menos que recordarnos la que se encuentra Marcos de Obregón en la isla de Cabrera: Espinel, Vicente: Vida del Escudero Marcos de Obregón. Relación II, descanso VII.
[13] Sancho de Sopranis, H.: El viaje de Luis Bravo de Laguna…Pág. 62.
[14] MORENO OLLERO, A.: Sanlúcar de Barrameda a fines de la Edad Media. Ed. Diputación de Cádiz, 1983.  Págs. 206-207.    
[15] ÁLVAREZ DE TOLEDO Y MAURA, L.I.:  Alonso Pérez de Guzmán, General de la Invencible. Ed. Servicio de Publicaciones. Universidad de Cádiz. Cádiz, 1994.  Tomo I, pág. 28.
[16] Op. Cit. Tomo I, pág. 47.
[17] Desidia a la que no eran ajena en otros castillos, con casos que mueven a risa. En el de Benalmádena fue acusado el sustituto del alcaide de permitir que su hijo gastara la poca pólvora que quedaba en cazar perdices por la sierra: FEIJOO, R.: La ruta de los corsarios. Laerte, S.A. de Ediciones. Barcelona, 2000. Tomo II, pág. 208.
[18] Álvarez de Toledo y Maura, L.I.: Alonso Pérez de Guzmán, General de la Invencible…Tomo I, pág. 47.
[19] ÁLVAREZ DE TOLEDO Y MAURA, L.I.: La relación de Barbate con las almadrabas. Conferencia pronunciada en la Casa de la Cultura de Barbate en las jornadas “Encuentros con la mar” el 10 de mayo de 1999 (sin editar).
[20] Álvarez de Toledo y Maura, L.I.: La relación de Barbate con las almadrabas…
[21]SANCHO DE SOPRANIS, H.: La piratería mahometana de las costas andaluzas de Gibraltar al Guadalquivir durante la primera mitad del siglo XVI. Revista Mauritania. Año XVII (1944). Núms. 196, 197, 198 y 199. Madrid, 1944. Pág. 80.     
[22] Álvarez de Toledo y Maura, L.I.: La relación de Barbate con las almadrabas…
[23] A.D.M. Sidonia. Legajo 1062.
[24] Carreras Egaña, A.M., Romero López, J.F. y Galán Vidal, J.: Barbate…Pág. 98.
[25] Ibídem.
[26] BOHÓRQUEZ JIMÉNEZ, D.:  Vejer de la Frontera en la segunda mitad del siglo XVIII: el informe de 1777. JANDA. Anuario de Estudios Vejeriegos. Ed.: Sociedad Vejeriega de Amigos del País. Nº 3. Vejer, diciembre, 1997.  Pág. 120
[27] Cartografía Militar y Marítima de Cádiz, 1513-1878. Ed.: CSIC. Sevilla, 1978. Tomo II. Figura 18. Mapa Golfo de Cádiz realizado por Antonio de Gaver, año 1764.
[28] Op. Cit. Tomo I. Pág. 24.
[29] PONCE CORDONES, F.: Una arquitectura singular. Las torres vigías de la costa. Anales de la Real Academia de Bellas Artes de Cádiz. Nº 6. Año 1988. Pág. 90; Regueira Ramos, José: Zahara de los Atunes, paraíso cervantino del sur. Editorial Regueira. Algeciras, 1999. Pág. 160.
[30] Carreras Egaña, A.M., Romero López, J.F. y Galán Vidal, J.: Barbate…Págs. 98-99.
[31] Son verdaderamente curiosas las analogías en la vida del castillo de Santiago con las del castillo de San Miguel en Huelva, tal como aparecen en el trabajo de Mira Toscano, Antonio y Villegas Martín, Juan: Vigilancia y defensa del litoral entre el Piedras y el Odiel. Trabajo que debo agradecer a la cortesía de sus autores. Huelva, 2007.